Por ayudar a su familia terminó siendo «el malo»: la historia de John, colombiano en Elda

John llevaba casi 13 años como técnico de sistemas en el hospital de Ocaña (Norte de Santander) cuando decidió vender su carro y su moto para emigrar con su esposa y sus dos hijos a España. Llegó a Elda (Alicante) un 2 de febrero, con frío y sin conocer a nadie, y en pocos meses se convirtió en el anfitrión de primos y familiares que fue trayendo detrás. Hoy, dice, su familia materna en Colombia lo ve como «lo peor». Esta es su historia, contada por él mismo en una entrevista con el canal Elandrevlog, y lo que cualquier colombiano que piense en emigrar con su familia puede aprender de ella.
Por qué se fue de Ocaña
John explica que su sueldo en el hospital no compensaba la carga de trabajo y las responsabilidades. Durante años le pidió a su jefe un aumento que nunca llegó; el día que le vio los tiquetes comprados, el jefe le ofreció duplicarle el sueldo. Para entonces la decisión ya estaba tomada.
A eso se sumaron otros motivos: algo más de un año antes había sido agredido por un grupo de hombres después de un partido de fútbol. Puso la denuncia, recibió amenazas y, según cuenta, el proceso «se fue quedando en el olvido». También le preocupaban algunas decisiones de su hijo mayor. Todo junto lo empujó a buscar «otros horizontes».
Un viaje armado sin ahorros
Primero pensó en Polonia, pero los contactos que llevaban gente allá le dijeron que no podían recibir a una familia con hijos. Eligió España. Sin ahorros, vendió una moto por 1,8 millones de pesos y su carro por 19 millones, y él y su esposa pidieron pequeños préstamos. Reunieron cerca de 50 millones de pesos y compraron cuatro paquetes turísticos. Con ellos viajaba también un primo al que John consideraba «como un hermano», con su pareja.
Desde el principio hubo roces: el primo y su esposa compraron otro bus hacia Bogotá, pasaron por otra fila en Migración y, ya en Madrid, esperaron a que se vaciara el avión para bajarse. «Esto me huele a que este viaje va a ser complicado», le dijo John a su esposa.
La llegada: una casa de campo que no era la de las fotos
Un conocido de Ocaña que vivía en Elda les había mostrado por videollamada una casa de campo «colonial» rodeada de pinos. La realidad fue muy distinta: una vivienda en mal estado entre Elda y Monóvar, sin calefacción ni agua caliente, con problemas graves de higiene, por la que les cobraban 650 euros al mes más un mes de fianza.
«Yo entré a donde íbamos a vivir y, te soy sincero, me puse a llorar. Dije: Dios mío, ¿yo qué hice con mi vida?».
Limpiaron una habitación para dormir los cuatro, se bañaban con un balde de agua fría y caminaban cerca de dos horas para hacer mercado. Las tensiones por los gastos compartidos crecieron y el primo terminó yéndose a una habitación en el pueblo. Poco después aparecieron los verdaderos dueños del terreno: quien les alquilaba no tenía derecho a hacerlo, y tuvieron que salir.
Un piso en Elda y una casa que se llenó de familiares
El único piso que fueron a ver fue el que consiguieron. Como no tenían documentos, un conocido les ayudó con una nómina para el alquiler. John habla con gratitud de los dueños, una pareja española: «Para nosotros han sido muy especiales»; incluso le compraron un carro y le dejaron pagarlo como pudiera.
Ahí empezó lo que él mismo resume como querer ayudar a todo el mundo. Subalquiló una habitación a aquel conocido, prestó dinero para su fianza, volvió a acoger a su primo cuando la pareja de este quedó embarazada (la esposa de John la acompañó cuando perdió el bebé) y luego animó a venir desde Colombia al esposo de una familiar, que poco después trajo a su esposa y a su hija de seis años.
La convivencia se complicó: la factura de la luz pasó de unos 70-80 euros a 250, hubo malas caras, un comentario que le dolió («Yo no le debo nada a nadie de estar acá en España») y, cuando por fin les pidió la habitación tras unos diez meses, le devolvieron las llaves cortadas en pedazos dentro de una bolsa. Según relata, en Colombia contaron otra versión y parte de su familia materna dejó de hablarle.
«Hoy en día soy como ese que quiere ayudar a todo el mundo. Pero la gente no reconoce la ayuda».
Papeles, trabajo y un presente más tranquilo
John cuenta que había solicitado protección internacional y que, con la tarjeta que le permitía trabajar, consiguió empleo y homologó su licencia de conducción. Al ir a renovarla, a los nueve meses, le comunicaron la denegación y volvió a trabajar en construcción. Después, con su expediente de regularización en trámite y la posibilidad de trabajar mientras se resolvía, envió hojas de vida y entró en una empresa textil de Villena. Dice que a los 12 días ya le habían dado por terminada la inducción y que espera quedar fijo.
Su esposa hace uñas y algunas horas de limpieza, y su hijo mayor está buscando trabajo. «Ya todo mucho mejor», resume. Llevan 21 años juntos y ella también habla en la entrevista: «Hay que a veces pensar en uno». Su conclusión es clara: «Aquí ya no entra más nadie».
Lo que puedes aprender de esta historia
- Desconfía de las fotos y de las promesas a distancia. Antes de pagar un alquiler o una fianza, pide ver la vivienda por videollamada en directo, verifica quién es el propietario y exige un recibo o contrato. En nuestra guía de residencia y empadronamiento al llegar a Europa explicamos por qué el domicilio es la base de casi todos los trámites.
- Acoger a familiares también es una decisión económica. Si vas a recibir a alguien, acuerda por escrito cuánto aporta a alquiler y servicios, cuánto tiempo se queda y cómo se reparte el mercado. Evita conflictos que después cuestan relaciones.
- Tu familia nuclear primero. John reconoce que el error fue «traer a esta otra persona» y contar asuntos íntimos: «Entre menos uno cuente, mejor».
- Infórmate bien sobre tu situación migratoria. Cada vía tiene requisitos distintos. Consulta fuentes oficiales y abogados colegiados, compara precios y desconfía de quien cobre por «papeles desde Colombia». Revisa también nuestra guía de visados y requisitos Schengen para colombianos.
- La licencia de conducción abre puertas. John la homologó pronto y eso le facilitó moverse y trabajar. Mira cómo hacerlo en nuestra guía del carné de conducir colombiano en Europa.
- Si mandas plata a Colombia, planifícalo. Su primo llegó con deudas y necesitaba enviar unos 800 euros al mes. Antes de viajar, calcula tus compromisos y revisa cómo enviar dinero a Colombia de forma segura.
Preguntas frecuentes
¿Dónde vive John y a qué se dedica?
Vive en Elda (Alicante) con su esposa y sus hijos y trabaja en una empresa textil de Villena, según cuenta en la entrevista.
¿Cuánto dinero reunió para emigrar con su familia?
Cerca de 50 millones de pesos colombianos, vendiendo su carro y una moto y con pequeños préstamos.
¿Cuál fue su mayor error, según él?
Traer y alojar a otras personas fuera de su núcleo familiar y contar asuntos privados. Hoy recomienda priorizar a la propia familia.
¿Qué recomienda a quien viaja con hijos?
No llegar improvisando: tener un contacto confiable y un lugar verificado donde vivir, y no depender de promesas de terceros.

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